Opinión: José Antonio Piña López.
Cada vez estaba más cerca el 2 de marzo, y mis ganas por cargar el Señor Cautivo aumentaban por segundo. Gracias al boca a boca de la gente pude encontrar al capataz para informarme del día y lugar de la igualá. A pesar de mi corta edad, conseguí llevar al Cautivo en mis hombros, tal como me dijo el capataz “la grandeza de Dios no tiene límites”, aunque en realidad no lo llevé con mis hombros, lo llevé con el corazón.
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