Los alumnos de los colegios de Villamartín protagonizan una jornada entrañable que une generaciones y mantiene viva la esencia de la Semana Santa desde la infancia
En Villamartín hay tradiciones que no solo perduran, sino que crecen, se renuevan y emocionan con más fuerza cada año. Y si hay una cita que simboliza como pocas el alma viva de nuestra Semana Santa, es el Vía Crucis escolar que, en este 2026, ha vuelto a convertir el Viernes de Dolores en el verdadero pórtico de nuestra Semana Mayor.
En la mañana de este señalado día, los alumnos del colegio Torrevieja han protagonizado, una vez más, un Vía Crucis cargado de autenticidad. Desde sus primeras estaciones, el cortejo ha estado acompañado por profesores, vecinos y familiares, en una muestra palpable de cómo la fe se transmite desde la infancia y se comparte en comunidad.
Este año, además, el protagonismo ha recaído, una vez más, en la venerada imagen de Jesús Nazareno —conocido cariñosamente en Villamartín como “el jorobadito de la Coronación”—, una talla profundamente arraigada en la devoción popular. No en vano, esta imagen recibió culto durante años en la Capilla de las Monjas, en la calle Los Reyes, cuando aún permanecía abierta, antes de que la comunidad religiosa regresara a su casa natal en Córdoba, quedando desde entonces en la Capilla de la Coronación, ligada de manera especial a la vida cofrade de nuestra localidad.
Junto a ellos, fieles a la cita, han estado los conocidos “costaleros de Dios”, jóvenes que, año tras año, se inician en el esfuerzo, la responsabilidad y el compromiso de portar sobre sus hombros algo más que un paso: una tradición. Este año, como marca el tiempo y la vida, han sido nuevas las caras que han ocupado las trabajaderas del pequeño paso, porque quienes participaron en ediciones anteriores ya forman parte de las distintas cuadrillas de costaleros de nuestra localidad, dando así continuidad a un relevo tan natural como necesario.
Y es que para comprender la magnitud de lo vivido hoy, es imprescindible mirar atrás. Fue en 2014 cuando esta hermosa iniciativa dio sus primeros pasos . Aquel primer Vía Crucis infantil no solo recorrió las calles del barrio, sino que sembró una semilla profunda: la de una Semana Santa que se aprende desde niño. Aquel día, todo un barrio se volcó, engalanando sus calles y acompañando a los escolares en un recorrido que culminó en una imagen de unión intergeneracional difícil de olvidar.
Hoy, más de una década después, aquel germen se ha convertido en una realidad consolidada y esencial. El Vía Crucis escolar no es ya una actividad más, sino una tradición que anuncia, con emoción sincera, la llegada de los días grandes. Un acto que ha demostrado que la fe no entiende de edades y que el futuro de nuestra Semana Santa se escribe, año a año, en los pasos pequeños pero firmes de nuestros jóvenes.
Así, entre rezos, tambores y miradas llenas de ilusión, Villamartín ha vuelto a reencontrarse con lo más puro de su esencia. Porque aquí, la Semana Santa no solo se celebra: se vive, se enseña… y, sobre todo, se hereda desde el corazón.
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