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La Iglesia venera hoy a Beata Teresa de Jesús – (Carolina Gerhardinger)

Jueves de la tercera semana de Pascua

Evangelio según San Juan 6,44-51.

Jesús dijo a la gente: «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día.
Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí.
Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre.
Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.
Yo soy el pan de Vida.
Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.
Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».

“Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida”

Catequesis de la Iglesia de Jerusalén a los nuevos bautizados (siglo IV) 
N° 4; SC 126

  «Tomad, comed: esto es mi cuerpo… Tomad, bebed: esta es mi sangre» (Mt 26,26s). Cuando Cristo mismo declaró, respecto al pan: «esto es mi cuerpo», ¿quién se atreverá a vacilar? Y cuando él mismo categóricamente afirma: «esta es mi sangre», ¿quién dudará de esto?… Por tanto, participamos del cuerpo y la sangre de Cristo con una certeza plena. Porque, bajo el aspecto del pan, está el cuerpo que te es dado; bajo el aspecto del vino, está la sangre que te es dada, con el fin de que participando en el cuerpo y en la sangre de Cristo te hagas un solo cuerpo y una sola sangre con Cristo… De este modo, según san Pedro, nos hacemos » partícipes de la naturaleza divina » (2P 1,4).

En otro momento Cristo, hablando con los judíos, decía: » si no coméis mi carne, y no bebéis mi sangre, no tendréis vida en vosotros». Pero ellos, como no comprendían sus palabras espiritualmente, se marcharon escandalizados… Existían también, en la antigua Alianza, los panes de la ofrenda; pero aquí no hay razón para ofrecer estos panes de la antigua Alianza. En la Alianza nueva, hay un «pan venido del cielo» y una «copa de la salvación» (Jn 6,41; Sal. 115,4). Porque, como el pan es bueno para el cuerpo, el Verbo concuerda bien con el alma.

El santo David, también, te explica el poder de la eucaristía cuando dice: «Ante mí preparaste una mesa, enfrente de mis adversarios» (Sal. 22,5)… ¿De qué quiere hablar si no de la mesa misteriosa y mística que Dios nos preparó contra el enemigo, los demonios?… «Y tu copa me embriaga como la mejor» (v. 5 LXX). Aquí habla de la copa que Jesús tomó en sus manos cuando dio gracias y dijo: «esta es mi sangre, sangre entregada por una multitud en remisión de los pecados» (Mt 26,28)… David cantaba también con respecto a esto: «el pan fortifica el corazón del hombre, y el aceite da brillo a su rostro» (Sal. 103,15). Fortifica tu corazón tomando este pan como un alimento espiritual, y alegra el rostro de tu alma.

 

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