El Papa Francisco llevó un grito silencioso en el corazón y una petición de perdón para el pueblo de Dios al visitar los campos de concentración Auschwitz y Birkenau. En una mañana de sol, el Papa fue a esta localidad polaca que se localiza a 60 km de Cracovia y que los ocupantes nazistas llamaron en 1939 Auschwitz, el más grande campo de exterminio en la historia de la humanidad. Lo hizo el día en que, hace 75 años, el franciscano polaco San Maximiliano Kolbe ofreció su vida a cambio de la de otro prisionero.
Con un grito en el corazón, el Santo Padre rezó en silencio en la ‘plaza del llamamiento’, donde Kolbe cumplió su gesto, y besó el patíbulo de las ejecuciones.
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