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Una obra inétida de Lorenzo de Mercadante de Betraña en Villamartín

Por Jesús Lopez Alfonso La Hornacina

Las casas señoriales andaluzas esconden muchas veces en su interior obras de arte desconocidas para el gran público, e incluso, en no pocos casos, para los propios investigadores. A menudo, encontramos mansiones con esculturas y pinturas de primera categoría en su interior, que se han ido transmitiendo de generación en generación y que apenas son conocidas por el resto del público amante del arte.

Un ejemplo de ello lo encontramos en la llamada Casa-Palacio de los Topete, situada en la localidad de Villamartín, en plena Sierra de Cádiz. En dicho inmueble se conserva una bellísima escultura de la Virgen María con el Niño, situada en una hornacina de la pared de la escalera principal. Es de tamaño natural y se ha venido atribuyendo, desde hace varias décadas, al escultor Lorenzo Mercadante de Bretaña (1).

AR - Mercadante IAl tener noticia de este simulacro mariano, lo primero que nos preguntamos es sobre el origen del mismo, ya que llama la atención encontrar una escultura de estas características en una casa particular. Lo único que hemos podido averiguar, según reza la inscripción que hay en la ménsula sobre la que descansa la imagen, es que la imagen fue colocada en su actual emplazamiento en el año 1769, si bien ninguno de los actuales habitantes de la casa sabe nada del motivo por el que llega la Virgen a su domicilio.

Sin lugar a dudas, la imagen mariana, que recibe la advocación de Santa María del Buen Fin, no se realizó para este emplazamiento ni para esta familia, ya que en las fechas en la que está documentada la actividad de Lorenzo Mercadante de Bretaña en Sevilla (1454-1467), Villamartín era sólo un pequeño núcleo de población de la Banda Morisca; es decir, la frontera con el Reino de Granada, sujeto a asedios y ataques continuos, y no es hasta 1508, terminada hace diez años la Guerra de Granada, cuando se escribe su Carta Puebla, documento por el que se dan privilegios a todos aquellos que vayan a ser pobladores de esta zona.

En el solar que hoy ocupa la Casa-Palacio de los Topete, se sabe que existió otra casa-palacio perteneciente a la Familia Venegas de Plasencia, pero la misma se realiza en las mencionadas fechas (a partir de 1508) en las que se puebla definitivamente Villamartín, en las cuales ya no hay actividad desde hace 40 años de Mercadante. Por tanto, es poco probable que el escultor trabajase para esta conflictiva zona fronteriza, poco habitada. De lo que sí tenemos constancia es de la reedificación de este edificio, en 1775, por orden se su propietario Manuel Ximenez del Canto (2). Es más lógico que esta imagen llegase de su desconocida procedencia con motivo de la nueva obra de la casa para ser colocada en su emplazamiento actual, hecho que ocurre catorce años después.

De la escultura llama la atención, en primer lugar, su estado de conservación, ya que se encuentra totalmente tiznada, aún así se observa la policromía que hay debajo de la capa de hollín, siendo más densa en la parte inferior que en la superior. Sabemos que a mediados del siglo XIX ya se encontraba así, ya que los abuelos de la actual dueña de la casa (una señora de avanzada edad) la conocieron de ese modo. No hay memoria ni constancia de incendio alguno del palacete, y es tradición entre sus habitantes de que llega de ese modo al mismo. Parece, por la suciedad del hollín, que la imagen se encontraba en un sitio alto, y que en el incendio, por lo tanto, se ahumó más la parte inferior de la misma que la superior al subir el humo de las llamas.

Santa María del Buen Fin está  realizada en barro cocido y policromado y reproduce la iconografía de la Hodegetria; es decir, la Virgen sosteniendo al Niño Jesús. Todos sus rasgos estilísticos, así como las líneas maestras de la imagen, nos recuerdan los modelos de Lorenzo Mercadante, cuyo nombre bretón fue Laurent Marc’hadour. La Virgen está de pie, vestida con túnica ceñida a la cintura y que cae formando pliegues hasta el suelo. Cubre su cabeza con toca y el manto le cae sobre los hombros, recogido bajo el brazo izquierdo, y sobre el derecho. El Niño Jesús se viste con una túnica abierta en el pecho.

Observamos, además, interacción entre las imágenes, tan típica de este maestro, ya que la Virgen acaricia con la mano derecha la manita  del Niño. Si analizamos las manos, tienen los grafismos típicos del maestro de Bretaña: finas, con dedos largos, estilizados y flexionados que otorgan gran elegancia y distinción. En cuanto a su cabeza, presenta un modelado que también se corresponde con el típico de Mercadante: Rasgos aplanados, nariz fina, ojos almendrados y entornados, expresión ensimismada con gran unción beatífica y labios sonrientes. El pelo, ondulado con formas serpenteantes, se cubre con una toca que se pierde bajo el manto. El Niño, por su parte también coincide perfectamente con los rasgos del autor, observando la típica desproporción de la cabeza, cabellos ondulados y expresión infantil sonriente.

En cuanto a la policromía, la que posee bajo la capa de hollín no es la original. Mercadante siempre policromaba sus imágenes con tintas planas, aplicando el dorado solo en el borde de los mantos. Sin embargo, éste se encuentra totalmente estofado en oro, algo que se realiza con bastante posterioridad, en fecha que no hemos podido determinar tras el análisis de la misma, ya que la suciedad nos impide distinguir con claridad los motivos de la estofa. Algunos de los que hemos podemos entrever, como las flores o las ces, así como la profusión de estofado nos hacen pensar que pudo haberse hecho tal cambio en el barroco, fecha en la que otras obras de medievales, y del propio Mercadante (como la sevillana Virgen del Camino de Santa María de Jesús) sufren tal transformación, que no solo afecta a sus vestiduras, sino también al encarnado. Sin embargo, lo más prudente, hasta que no se realice una restauración de la escultura, no es aventurar una fecha, sino dejarla en un momento indeterminado entre los siglos XVI y XVIII.

La calidad que ofrece hace que pensemos que no sea obra del círculo, sino del propio taller de Mercadante, o incluso del mismo maestro, ya que el acabado, el fino palillado en las zonas donde se ha desprendido la policromía, los pliegues en el vuelo y la caída de la túnica, así como la disposición del manto, la relacionan con sus Vírgenes (Cinta de la Catedral de Sevilla o la Virgen de San Isidoro del Campo en Santiponce).

Asimismo, relacionando las imágenes femeninas y Vírgenes de Mercadante podríamos hablar, no de una serialización en la producción, pero sí de un modelo de Madonnas que fijaría el Maestro, que es seguido por el resto del taller y en el que se fijarían una serie de escultores para su propia producción (caso de la Virgen de la Piedad de Iznájar, Córdoba, que sigue este mismo modelo pero con inferior calidad), de ahí las grandes similitudes que encontramos en todas ellas y en imágenes de esta misma época.

BIBLIOGRAFÍA

(1) Según nos informa el Párroco de Villamartín, don José Manuel Álvarez Benítez, y la propia familia Mozo Gutiérrez, el primero en realizar esta atribución fue el historiador José Hernández Díaz, que visitó la casa hacia los años sesenta del siglo XX. Es curioso que el historiador del arte citado, no pusiese en conocimiento del resto de la comunidad científica tan importante hallazgo.

(2) ÁLVAREZ BENÍTEZ, José Manuel. «La Casa de los Topete y su verdadero origen», publicado en la revista Almájar, nº 1, pp. 130-37.

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