jueves , 15 noviembre 2018
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La Iglesia celebra hoy a San Aarón

La Iglesia celebra hoy a San Aarón

Décimotercer Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Marcos 5,21-43. 

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. 
Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, 
rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva”. 
Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. 
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. 
Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. 
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, 
porque pensaba: “Con sólo tocar su manto quedaré curada”. 
Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. 
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: “¿Quién tocó mi manto?”. 
Sus discípulos le dijeron: “¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?”. 
Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. 
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. 
Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad”. 
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: “Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?”. 
Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que creas”. 
Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, 
fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. 
Al entrar, les dijo: “¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme”. 
Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. 
La tomó de la mano y le dijo: “Talitá kum”, que significa: “¡Niña, yo te lo ordeno, levántate”. 
En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, 
y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer. 

San Aarón, sacerdote de la ley mosaica, 1471 a. C. Hermano de Moisés.

Como se explicaba con más facilidad que su hermano, que tartamudeaba,  fue el encargado de dirigir la palabra a Faraón para pedirle que dejase  salir al pueblo de Dios de la tierra de Egipto.

Hizo las veces de  caudillo de su pueblo cuando Moisés subió al monte a orar y a recibir  las tablas de la Ley; pero tuvo la fragilidad de dejar al pueblo  apostatar y adorar un becerro de oro.

Sostuvo los brazos de su hermano,  cuando Moisés oraba para que el pueblo no pereciese bajo la espada de  los amalecitas.

Murió en el monte Hor, a la vista de la tierra de  promisión; pero no entró, en castigo de su desconfianza, en Cades,  cuando Moisés hirió la roca con su vara para hacer brotar agua en  abundancia.

Su hijo Eleázaro le sucedió en el sacerdocio.

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