viernes , 23 febrero 2018
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La Iglesia venera hoy a San Tobías

La Iglesia venera hoy a San Tobías

Miércoles de la quinta semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Marcos 7,14-23. 

Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanlo bien. 
Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. 
¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!”. 
Cuando se apartó de la multitud y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron por el sentido de esa parábola. 
El les dijo: “¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender? ¿No saben que nada de lo que entra de afuera en el hombre puede mancharlo, 
porque eso no va al corazón sino al vientre, y después se elimina en lugares retirados?”. Así Jesús declaraba que eran puros todos los alimentos. 
Luego agregó: “Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro. 
Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, 
los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. 
Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre”. 

San Tobías

Uno de los libros más agradables de la Sagrada Escritura es el de Tobías. Este santo fue siempre un exacto cumplidor de sus deberes religiosos. Siendo todavía muy joven, cuando sus familiares se apartaron de la verdadera religión y empezaron a adorar al becerro de oro, él en cambio nunca quiso adorar ese ídolo y era el único que en su familia iba en las grandes fiestas a Jerusalén a adorar al verdadero Dios.

Se casó con una mujer de su propia religión, llamada Ana, y tuvo un hijo al cual le puso también el nombre de Tobías. Cuando el pueblo de Israel fue llevado cautivo a Nínive, Tobías tuvo que ir también allá en destierro, pero allá le concedió Dios la simpatía de los gobernantes y llegó a ocupar un alto puesto en la administración del gobierno. Sin embargo, un nuevo rey ordenó la matanza de todos los israelitas; incluso prohibió su sepultura a fin de que sean los cuervos quienes comiesen sus cuerpos. Pero Tobías, que era muy piadoso y muy caritativo, se dedicó de noche a sepultar los cadáveres de sus paisanos.-

Tobías fue preso de muchos sacrificios y desdichas; pero su entrega generosa y caritativa hacia los más necesitados, así como su constante oración fueron suficientes para que el Señor aplaque todos sus males, y que Tobías y toda su familia pronto gozasen de mucha paz y felicidad.

Esta sublime historia nos presenta el modelo de la familia cristiana, de la felicidad del hogar, que se encuentra en Dios, de los privilegios que Él concede a los que confían en su paternal misericordia. Ninguna pareja de jóvenes cristianos debería llegar al matrimonio sin haber leído éste libro y meditado el secreto de la dicha envidiable que ésta santa familia ofrece a la imitación de los que quieren vivir su fe.

El fin del libro de Tobías es mostrar los caminos de la Divina Providencia que pone a prueba nuestra fe (I Pedro 1,7), más al fin todo lo convierte en consuelo y nuevos favores.

Tobías se encuentra cautivo en Nínive, unos 700 años antes de Jesucristo. Brillan en él extraordinariamente las virtudes de la religión, la fe en las divinas promesas, la firme esperanza en Dios, que le da alegría y fortaleza en las pruebas, y la más tierna caridad para con el prójimo. Tobías, el joven, es un modelo de hijo, lo mismo que su esposa, la joven Sara en quién se cumplen las palabras de Prov. 19,14: “ casa y riqueza se heredan de los padres; mas la mujer prudente la da solo el Señor”

En cuanto a la cuestión de la composición, los dos Tobías mismos parecen ser los autores de éste libro, ya que en los tres primeros capítulos de los textos griegos y ciríacos, Tobías habla en primera persona. Ésta opinión se funda también en la versión griega, que dice en 12,20: “ escribir en un libro todo lo acaecido”. Sin embargo, muchos expositores creen que el libro, tal como hoy se presenta, fue redactado en el tiempo en que el hebreo había dejado de ser lengua del pueblo.

En la Iglesia Católica se cita el libro de Tobías entre los Libros Sagrados desde la era apostólica

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