lunes , 23 octubre 2017
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La Iglesia venera hoy a San Sixto II

La Iglesia venera hoy a San Sixto II

Lunes de la decimoctava semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Mateo 14,13-21. 

Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. 
Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos. 
Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: “Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos”. 
Pero Jesús les dijo: “No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos”. 
Ellos respondieron: “Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados”. 
“Tráiganmelos aquí”, les dijo. 
Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. 
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. 
Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

San Sixto II

Estampita-24SanSixtoIISan Sixto II , Papa. Fue electo el 31 de agosto de 257 y martirizado en Roma el 6 de agosto de 258.  Su origen es desconocido.  El «Liber Pontificalis» dice que era griego por nacimiento, pero esto probablemente sea un error originado por la errónea suposición de que era idéntico a un filósofo griego del mismo nombre, quien fue autor de las llamadas «Sentencias» de Xystus.     Durante el pontificado de su predecesor, San Esteban, surgió una fuerte disputa entre Roma y las Iglesias africana y asiática, en cuanto al bautismo de los herejes, que había amenazado con terminar en la completa ruptura entre Roma y las Iglesias de África y Asia Menor.

Sixto II, a quien Pontius (Vita Cyprian, cap. xiv) describe como un sacerdote bueno y pacífico, fue más conciliador que San Esteban y restauró las relaciones amistosas con estas Iglesias, aunque, al igual que su predecesor, mantuvo la usanza romana de no rebautizar a los herejes.   Poco antes del pontificado de Sixto II, el Emperador Valeriano emitió su primer edicto de persecución, en el que obligaba a los cristianos a participar en el culto nacional de los dioses paganos y les prohibía reunirse en los cementerios, amenazando con el exilio o la muerte a aquel que se descubriera desobedeciendo la orden.

Los primeros días de agosto de 258, el emperador emitió un edicto nuevo y mucho más cruel contra los cristianos, cuyo contenido ha sido conservado en una carta de San Cipriano a Successus, Obispo de Abbir Germaniciana (Ep. lxxx). En él se enviaba a muerte a los obispos, sacerdotes y diáconos («episcopi et presbyteri et diacones incontinenti animadvertantur»).

Sixto II fue uno de los primeros en caer víctimas de este mandato imperial («Xistum in cimiterio animadversum citáis VIII. id. Augusti et cu meo diacones quattuor» –Cipriano, Ep. lxxx). Con el fin de escapar a la vigilancia de los funcionarios imperiales reunió a su rebaño el 6 de agosto en uno de los cementerios menos conocidos, el de Pretextatus, del lado izquierdo de la Vía Appia, casi frente al cementerio de San Calixto.    Mientras estaba sentado dirigiéndose a su rebaño fue repentinamente aprehendido por una banda de soldados.

Existe cierta duda de si fue decapitado de inmediato o si fue primero llevado frente a un tribunal para recibir su sentencia y luego llevado de vuelta al cementerio para ser ejecutado. Lo último parece ser lo más probable.   La inscripción que el Papa Dámaso (366-84) colocó en su tumba en el cementerio de San Calixto puede ser interpretado en cualquiera de estas dos formas. La inscripción completa es obra de San Dámaso (P.L. XIII, 383-4, donde se supone erróneamente que es epitafio para el Papa Esteban I), y unos cuantos fragmentos fueron descubiertos en la tumba misma por Rossi (Inscr. Christ., II, 108).

El «Liber Pontificalis» menciona que fue llevado para ser ofrecido como sacrificio a los dioses («ductus ut sacrificaret demonios» –I, 155)    San Cipriano establece en la carta mencionada anteriormente, que fue escrita cuando muy tarde un mes después del martirio de Sixto, que «los prefectos de la Ciudad urgían diariamente la persecución con el fin de que, si cualquiera era traído ante ellos, pudieran ser castigados y sus propiedades confiscadas».

La patética reunión entre San Sixto II y San Lauro, mientras el primero era llevado a ejecución, de la cual se hace mención en los apócrifos «Hechos de San Lauro», así como por San Ambrosio (Officiorum, lib. I, c. xli y lib. II, c. ccviii) y el poeta Prudentius (Peristephanon, II), probablemente sólo sea una leyenda.   Cuatro diáconos, Januarius, Vincentius, Magnus y Stephanus, fueron aprehendidos con Sixto y decapitados con él en el mismo cementerio.

Otros dos diáconos, Felicissimus y Agapitus, sufrieron martirio el mismo día. Los restos de Sixto fueron transferidos por los cristianos a la cripta papal en el cementerio vecino de San Calixto. Tras su tumba se conservó en una capilla la silla ensangrentada en la cual fue decapitado. Se erigió un oratorio (Oratorium Xysti) sobre el cementerio de San Pretextatus, en el lugar donde fue martirizado, y era visitado por los peregrinos hasta los siglos siete y ocho.

 Por algún tiempo se creyó que Sixto II era el autor de las llamadas «Sentencias» o «Anillo de Sixto», originalmente escrito por un filósofo pitagórico y revisado en el siglo dos por un cristiano. Este error surgió porque en su introducción a una traducción al latín de dichas «Sentencias», Rufino las adjudica a Sixto de Roma, obispo y mártir.  Ahora existe la certeza de que el Papa Sixto II no es el autor (ver Conybeare, «El Anillo del Papa Sixto se ofrece ahora en inglés, con un comentario histórico y crítico, Londres 1910).

 Harnack (Texte und Untersuchungen zur altchrist. Literatur, XIII, XX) le adjudica el tratado «Ad Novatianum», pero su opinión ha sido en general rechazada (ver Rombold en «Theol. Quartalschrift», LXII, Tübingen, 1900).  Algunas de sus cartas han sido impresas en P.L., V, 79-100.

Una carta descubierta recientemente fue publicada por Conybeare en «English Hist. Review», Londres, 1910

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