La Hermandad del Prendimiento invita a todas las mujeres que lleven el nombre de Ángela

La hermandad del Prendimiento de Villamartín, invita a todas las niñas y señoras que lleven el nombre de Ángela, a la ceremonia de bendición de Santa Ángela de la Cruz

Las señoras, niñas y jóvenes de Villamartín que lleven el bonito nombre de Ángela, están invitadas a compartir con la hermandad del Prendimiento, la solemnidad de la bendición de Santa Ángela de la Cruz, titular de la hermandad.

Que se bendecirá, Dios mediante, el próximo domingo 29 de enero a las 18:00 horas en la Parroquia de Villamartín.

Las interesadas oueden llamar para confirmar asistencia al número de teléfono 663 20 37 61, dónde le atenderán para su ubicación en el Templo, y posterior procesión el día de la bendición.

El Consejo de Hermandades de Villamartín, volverá a presentar al Pleno el cambio de la carrera oficial

Después de la negativa de las hermandades el pasado año, el consejo convocará pleno extraordinario para proponer una nueva carrera oficial para la semana Santa de Villamartín en 2023

Ya el pasado ejercicio el Consejo de Hermandades planteó ante los hermanos mayores, la posibilidad de cambiar la carrera oficial de la semana Santa de Villamartín.

Tradicionalmente, y desde el inicio del consejo, la carrera oficial se disponía por la bajada de la calle subida la Iglesia.

Ya el año pasado el Consejo planteó la posibilidad de cambiarla, proponiendo que esta estuviera en la puerta del ayuntamiento, sin duda y a las luces del consejo, un escenario mas acorde para el paso de las hermandades camino a su estación de penitencia que además, contempla la instalación de sillas para que nuestros vecinos impedidos y más frágiles, disfruten en primer plano del paso de nuestras Cofradías por la carrera oficial.

Según nos informan desde el Consejo, varios son los motivos para la propuesta de este cambio. El principal es el meramente estético, dando el detalle que junto al palquillo de firmas, coincide junto a los contenedores de la plaza de abastos con todo lo que ello conlleva, además la nueva ubicación propuesta en la puerta del Ayuntamiento, aporta una mejora estética para tan importante momento en el transcurrir de nuestras cofradías como es la solicitud de permiso para hacer la estación de Penitencia de acuerdo a los horarios acordados, pero por otro y fundamental, es la posibilidad de instalación de sillas destinadas para que las personas mayores e impedidas, puedan disfrutar de primera mano del paso de nuestras Cofradías en la semana Santa.

Villamartín celebró la festividad de su Patrón San Sebastián

Villamartín se reunió en torno a San Sebastián en una solemnidad celebrada en la Capilla de las Angustias por el presbítero y Párroco Don Rafael Pinto Vega

El pasado día 20 de enero la comunidad parroquial y la ciudadanía en general, celebró en la Capilla de las Angustias de la localidad, la festividad de su Santo Patrón San Sebastián.

A la convocatoria, realizada por el Consejo local de Hermandades y Cofradías bajo patronazgo se encuentra, asistieron las hermandades, grupos parroquiales y la corporación municipal con una nutrida representación de ediles, encabezada por la teniente de alcalde Doña Susana Toro.

La solemnidad fue celebrada por el Párroco de Santa María de la Virtudes de Villamartín, Don Rafael Pinto Vega.

Reflexión de Don Rafael Pinto en el III domingo del tiempo ordinario

Comenzó el curso sobre Eucaristía en la Parroquia de Santa María de las Virtudes de Villamartín

Con una Charla titulada: «La Eucaristía, fuente, camino y cumbre de la vida cristiana»

El pasado jueves 19 de Enero dio comienzo en la Iglesia de Las Angustias un Curso sobre la Eucaristía con una Charla titulada: «La Eucaristía, fuente, camino y cumbre de la vida cristiana», impartida por nuestro Párroco D. Rafael Pinto y que abre la puerta a una serie de Catequesis quincenales, que nos van a ayudar a profundizar en este «Sacramento tan admirable», a través de la mistagogía, es decir, de la explicación de las palabras, gestos, signos, partes de que se compone la celebración de la Eucaristía. Comenzó la Charla motivando a todos los presentes argumentando por qué comenzaba este Curso de Formación Cristiana en la Parroquia hablando de la Eucaristía, y decía que era como ir a lo esencial, al corazón de la vida de la Iglesia, desde donde tiene que partir y a donde tiene que llegar toda actividad apostólica y evangelizadora en la Iglesia. Su palabra se apoyaba en la autoridad de los últimos Pontífices: Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, los cuales nos han repetido de muchas maneras cómo la Eucaristía es el corazón de la Iglesia, con ese doble movimiento: de atracción de los fieles y de misión a todas las realidades humanas, con la fuerza espiritual de transformación. Se enriquecieron de su contenido unas cincuenta personas, las cuales salieron muy contentas porque, de una manera sencilla y apasionada D. Rafael nos presentó la riqueza contenida en este sacramento, a partir de la explicación de estas tres palabras: FUENTE, CAMINO y CUMBRE aplicadas al misterio de la Eucaristía e iluminando situaciones de nuestra vida diaria. Nos emplazó para el Miércoles día 1 de Febrero a las 20,00h allí mismo en Las Angustias. Damos gracias a Dios por esta iniciativa y pedimos al Espíritu Santo que den mucho fruto estas Catequesis a todos cuantos reciban su predicación.

¡Válgame San Sebastián, Patrón de Villamartín! todas las penas se acaban, las mías no tienen fín.

Aproximación histórica de San Sebastián como Patrón de Villamartín. Por Juan José Gómez Vidal. Historiador

A veinte de Enero,
San Sebastián el primero.
––Detente, varón,
Que primero es San Antón.
Glorioso San Sebastián
todo lleno de saetas;
Mi alma como la tuya;
Como tu cuerpo mi suegra.
Glorioso San Sebastián,
Santo Cabal y Perfecto;
Mi alma como la tuya;
Mi suegra como tu cuerpo.
¡Válgame San Sebastián,
Patrón de Villamartín!
Todas las penas se acaban,
Las mías no tienen fín.

Emilio Lafuente Alcántara
Cancionero popular. Colección escogida de seguidillas y coplas (1865)

Con estos versos nos encontramos una de las más antiguas
referencias escritas sobre el Patrón de Villamartín.
Aún desconociendo la fecha exacta sobre su nombramiento
como tal, si podemos aproximarnos a la fuerte devoción popular
que a inicios del siglo XVI y prácticamente hasta la irrupción
de Santa Ana como Patrona mantuvo a San Sebastián como santo
protector de la villa. No fue el único, pues ante las epidemias no sólo pestífera que asolaron Villamartín durante el siglo XVI y XVII, también a
San Gregorio se le manifestó una especial y peculiar devoción
sobre todo en el segundo tercio del siglo XVI debido a las
infaustas plagas de langosta que asolaron todo el área
occidental del Reino de Sevilla entre 1530 y 1560.
De todas formas San Sebastián queda unido a los procesos
epidémicos de la localidad, sobre todo a inicios del siglo XVI,
compartiendo esa actividad devocional con la ermita de la
Encarnación, la de Veracruz o la de Reyes, no siendo ajeno
aquel primer asentamiento urbano donde pudieron darse
muladares o enterramientos objeto de los primeros brotes
pestíferos a partir de 1507.
Con ermita propia desde prácticamente inicios
fundacionales, y a pesar de la ausencia real de restos
arqueológicos e históricos que detallen con veracidad su
cometido religioso y asistencial en la primera parte del siglo
XVI, la significación de este Santo en la vida de más de cinco
siglos en la localidad, ha quedado fijada y permanente, bien en
el recuerdo de su callejero, bien en la impronta, que sobre todo
se advierte durante el siglo XIX, donde una amplio porcentaje
del nombre de varones responde al de Sebastián, o bien , como
referencia pictórica y legado histórico artístico que podemos
disfrutar con el lienzo existente en Santa María de las
Virtudes.

El Martirio de San Sebastián (1687-1688?). Parroquia Santa Mª de las Virtudes
Fotografía D. Andrés Alpresa Moreno

EL MARTIRIO DE SAN SEBASTIAN EN SANTA MARIA DE LAS VIRTUDES DE VILLAMARTIN

El importante legado pictórico que alberga el templo de Santa María de las Virtudes es obra de Sebastián Muñoz (1654-1690)

Por Juan José Gómez Vidal, Historiador

La Fábrica de Santa Mª de las Virtudes, hoy por hoy, sigue siendo uno de los monumentos más representativos de  identidad de la localidad de Villamartín (Cádiz). No obstante, la imposibilidad de su estudio en algunas ocasiones y la ausencia de investigaciones previas con cierto nivel científico, arrojan un nefasto resultado para quienes deseen conocer e investigar la fábrica y todos los elementos artísticos que en ella se albergan.  Investigaciones desde mitad del siglo XX hasta nuestros días, bien en formato papel o bien digital, ausentes y carentes de las correspondientes citas bibliográficas, manuscritas, archivísticas o documentales y arqueológicas representan no sólo la ausencia de poder contrastar las investigaciones y aportar a ellas sino que además suponen una burla sistemática durante años a quienes con buena fe e intenciones se acercan al estudio y conocimiento del patrimonio histórico artístico de Villamartín. La administración de un bien, el conocimiento de los datos históricos, aunque éstos sean de una titularidad o bien de un trabajo de búsqueda histórica, no puede menoscabar la identidad social, cultural y humana de las poblaciones y grupos humanos, que como es el caso de esta villa, que ha luchado contra el devenir de los tiempos más allá de cinco siglos. Afortunadamente, y gracias a los avances en catalogación, digitalización y puesta al servicio de las fuentes históricas quien se adentre en una investigación, aunque fuere de nivel local, tiene a su alcance una serie de instrumentos y herramientas que en buena parte remedian el cercenamiento cultural que supone la ausencia de fuentes o la mala interpretación u ocultamiento de las mismas.

 Contexto crítico aparte, una de las piezas artísticas más llamativas y representativas de esta fábrica, independientemente de las características arquitectónicas y la colección escultórica que alberga el templo, es el Cuadro del Martirio de San Sebastián[1], que dicho sea de paso, sea posiblemente el mayor referente pictórico y de valor que alberga en sí el templo parroquial.

Quienes se acerquen al templo y tengan la oportunidad de observarlo, situado sobre la entrada del “Secreto” o “Cuarto de la Plata”, podrá comprobar no sólo las dimensiones de este lienzo, sino también, aunque el paso del tiempo está haciendo estragos en esta obra, la enorme calidad compositiva, cromática y de conjunto que este bien representa.

De su autor, su título, su descripción técnica y el origen cronológico e histórico se encargarán estas líneas de explicarlo, aun con la vicisitud que supone no haber contado con determinadas fuentes archivísticas, esenciales, y el desconcierto que supone nadar en un “maremágnum” de hipótesis historiográficas ausentes de fundamento alguno.

Pese a estos obstáculos, quien reposadamente se detenga a la observación de este bien cultura la podrá tildar como posiblemente la mejor obra que se albergue en nuestra localidad pictóricamente hablando.

Observarla y explorarla sumergirá a quien realice esa parada, aunque sea en breves minutos, a observar un tema claramente definido y a su vez analizar los objetos del mismo, el color, la textura y en general la composición general que ha construido la obra. Simplemente podrá contemplar, antes de pasar a un análisis más crítico una serie de referentes y sensaciones que sin duda le trasladarán cronológicamente a la etapa artística e histórica en la que fue pintado.

Su tamaño y forma, de enormes proporciones, facilitan su observación y análisis y sobre todo profundizar en la temática misma con la que el pintor pretendió plasmar la idea o sentimiento religioso en este caso. El Martirio de San Sebastián de Santa María de las Virtudes facilita a quien lo observa adivinar claramente su simbología pero aún va mas allá al poner a los ojos del observador el cómo se pinta y no lo qué se pinta dada la cualificada y exhaustiva formación pictórica de su autor. Los medios usados, la técnica y el grado de dificultad son disciplinas intrínsecas a su autor que desarrolla con absoluta soltura y le adornan previamente como un magnífico artista.

La transmisión emocional que el cuadro representa a través del color – falto de una intervención restauradora que clama a los cuatro vientos- supone la transmisión de la emoción, del dolor, de la expresividad de la obra y por lo tanto su acercamiento o alejamiento a la realidad histórica que plasma y en la cual se compone la obra propiamente.

La textura del mismo, los trazos y  dibujo que advertimos en su línea compositiva nos adentra e introduce nuestra visión dentro de la propia obra y nos facilita no solamente acercarnos a una tipología pictórica de una etapa u otra, sino también nos abstrae sobre todo al tema representado.

SU CONTEXTO CRONOLÓGICO

            El estadio cronológico en el que esta obra fue encargada a su autor y una vez finalizada llegó a la localidad de Villamartín se comprende entre los años 1675 y 1690. Aún sin haber podido acceder de forma puntual al día concreto de su entrega al contexto religioso de la localidad, sí es muy importante hacer mención especial a que nos encontramos ante un espacio temporal donde la villa ha sufrido tres importantes oleadas epidémicas que prácticamente han mermado su capacidad poblacional a índices del siglo XVI, sufriendo altas tasas de natalidad y de mortalidad que arrojaron un crecimiento vegetativo nulo y en algunos años de carácter negativo. Sociológicamente Villamartín está perfectamente segmentado en una élite u oligarquía local, ya de segundo orden, nos siendo de la nómina de hijosdalgo con mayor capacidad burocrática, política, económica y social como eran los existentes en el siglo XVI y primer tercio del siglo XVII, pero que aún así tenían el absoluto control de la vida económica, social, política y religiosa, que sumaba con una importante presencia clerical y una importante plasmación de ese control y poder mediante el predominio económico parroquial y la instrumentación regular que suponían las ordenes regulares asentadas en la villa. El agotamiento económico, consecuencia de los malos ciclos epidémicos, las crisis de subsistencia y la ausencia de un despegue definitivo y total de las fiestas de ganado, sumieron a una villa en la que un dispendio a modo de mecenazgo o bien popular para la realización de tal obra de arte, es además de poco verosímil, ciertamente inalcanzable.

            La ubicación que la historiografía tradicional, de forma espontánea y sin aportación documental o referencial alguna le otorga, reúne una serie de lagunas, pues indica la primera ocupación de la misma en una antigua ermita advocada a San Sebastián con motivo de la primera oleada de peste conocida en la localidad a principios del siglo XVI, exactamente en 1507. Sobre este hecho he de realizar una serie de consideraciones y puntualizaciones que no son otras que: El brote epidémico no actúa como motor de la construcción de una ermita; más bien retarda la misma, y en su defecto en la localidad se hace uso para el culto y rogativas de unos primeros remedos de templos, rudimentarios, que sirven para el fervor y la devoción popular,

  1. teniéndose que solicitar[1] incluso al Cabildo de Sevilla la cancelación, condonación o prórroga del pago del cuento de maravedís convenido a la firma de la Carta Puebla. Independiente de ello, es que por tradición e implantación de determinados arquetipos, San Sebastián suponga ese referente ante episodios pandémicos. No obstante, y debido a que la pandemia de peste no sólo se circunscribió a Villamartín sino que por desgracia se extendió más allá de los límites geográficos de la villa, identificar a San Sebastián como patrón y protector de la pandemias de “pestilencia” que asolaron el siglo XVI y XVII no sólo es particular de esta localidad sino que existen innumerables testimonios y referencias a este fenómeno a lo largo de todo el territorio castellano durante esa etapa. Quizás guarde cierta concordancia con la presencia del linaje de los Álvarez de Bohorques y la impronta que este linaje en más de 150 años dejó sobre la villa. Uno de ellos,  Antonio Álvarez de Bohorques[2] conjuntamente con su madre, Francisca Girón, viuda ya en 1616 de Alonso Núñez de Bohorques donan un lugar denominado en Granada Casa Blanca (Dar Al Baida), para la fundación del Convento de los Basilios, actuales Escolapios.  Se trataba de un paraje rodeado de feraces huertas y frondosas alamedas. A día de hoy esta zona se conoce en la ciudad de Granada como el Puente del río Genil. El esplendor del lugar acarreó incluso la  aparición de notables poemas, tales como el que a continuación detallo:

 «La guapa olvido por / la que es más guapa. No sé a quien elegir / en Haur Muámmal. De fuera del Islam / había mozas que me han dejado sin / saber qué hacerme. Por verlas me senté / bajo los olmos y me hizo arder mirar / desde esa umbría. Sin habla me dejó / verla en Granada. Perla entre aljófar es / por cómo brilla. ¡Florón de Al-Andalus / Berbería la moza del brial / con cuello y negro!» El Haur Muámmal (El Álamo de Muámmal) de Ben Qúzman es el conjunto formado por los actuales Paseo del Salón y Paseo de la Bomba. Esta Alameda se reformó en su estructura y arbolado en varias ocasiones. Durante la dominación napoleónica se estrechó el cauce y se convirtieron las laderas del río Genil en nuevas alamedas. La Alameda o Paseo del Violón fue urbanizada en el s. XVIII, aprovechando parte de la ribera izquierda del río, desde la altura del puente hasta las inmediaciones de la ermita de San Sebastián (Actual Paseo del Violón). Este mismo lugar, donde hoy día se encuentra la ermita de San Sebastián fue donado por los

Reyes Católicos a Martín Álvarez de Bohorques, muy cerca del lugar conocido como el “morabito” o lugar que habitualmente se destinaba a la oración musulmana.[1]

  1. Que no se conocen registros sobre su primitiva existencia a nivel documental, ni a través de los documentos procedentes de cuentas del mayorazgo sevillano ni a través del conjunto capitular de la villa, que pese a tener fecha fundacional otorgada mediante carta puebla no conserva fuentes documentales previas a 1588, aun bien, conocemos la posibilidad de que en los trece libros de actas capitulares del fondo documental e histórico del Ayuntamiento de Sevilla pudieran encontrarse más datos. Aún más, los documentos de fábrica de Santa María de las Virtudes no reflejan cronológicamente ni documentalmente culto o devoción en tal lugar, al menos bajo la jurisdicción del clero secular de la villa. Sobreañadir a este respecto que ni siquiera estudios arqueológicos durante finales del siglo XX han atestiguado al menos la existencia de pozos o carneros que sirvieran para el descanso de los finados por la peste. A esto es muy importante añadir además que no hay un estudio pormenorizado de la documentación correspondiente al Mayordomo Mayor de Fábricas del Arzobispado de Sevilla. Por ellos cualquier asunto relacionado con obras, creaciones o bienes de cualquiera de las fábricas referentes al Arzobispado, todas las capellanías, o cualquier hecho que se derivase de ello. Todo este cuerpo de normas afectaba indiscutiblemente a la erección y edificación de cualquier ermita, hospital, monasterio o cofradía; darles reglas y controlar las existentes. En este sentido los litigios con ermitaños, fundamentalmente por deudas provenientes de la mala gestión administrativa, eran frecuentes.

En este contexto el fundar, erigir o edificar una Ermita, albergarla de bienes e insuflarle rentas u ornamentos de lujo para el culto solo dependían del Provisorato y para ello había que justificar la devoción, el servicio a la comunidad y a Dios y que hubiese un exponencial aumento del culto a esa advocación concreta. Junto a esto, condición sine qua non era posible que estas ermitas debían tener un privilegiado lugar para su enterramiento en dicha fábrica, hecho o circunstancia que no se circunscribe a la tendencia de las inhumaciones de las élites político-religiosas de Villamartín. Fuera como fuera todo debía contar con licencia del provisorato, que informaba al visitador ó vicario, advirtiendo de que las construcciones deberían ser con decoro y para el incremento del culto. Rasgo fundamental era que las aportaciones por limosnas deberían ser suficientes, además del mantenimiento del edificio en sí y los ornamentos y culto, teniendo el mayordomo parroquial o cura beneficiado que estar inserto obligatoriamente en la composición de las escrituras correspondientes.

En resumen, cualquier obra tenia inexorablemente que ser aprobada por el Provisor y éste daba la correspondiente autorización o licencia al Mayordomo Mayor de Fábricas que la traspasaba el mayordomo de la fábrica parroquial en cuestión. Por ello, mientras no hayamos valorado este procedimiento con el rigor y la exhaustividad que requiere no debería divagarse más a cerca de esa ermita de San Sebastián y mucho menos en lo referente a su capacidad de ornato y decoración de la misma, puesto que dista una distancia temporal, social y económica con el bien en si objeto de este artículo.[1]

  1. Que para ningún caso, la localidad entabla la posibilidad, si así es como lo traza la historiografía tradicional, de rehabilitación o nueva fábrica de una posible ermita ubicada en la salida a Bornos, fundamentalmente por razones cronológicas y porque además el servicio religioso de la villa se asentará desde finales del siglo XVI y durante el siglo XVII en las comunidades religiosas regulares a través del Convento de la Santa Cruz de la Orden Tercera y las Hermanas Franciscanas Concepcionistas. Para ninguna de las opciones, incluso para el traslado de los padres seráficos la mencionada ermita es mencionada en las actas capitulares, no siendo el caso de otras como Veracruz, que son ofrecidas para la ubicación y servicio de la comunidad tras haber ocupado entre 1598-1626 la antigua ermita de La Encarnación, que inhabitable y sin ningún tipo de reparaciones fue “succionada” por el deterioro y la nueva fábrica de Santa María de las Virtudes, que ya en el primer tercio del siglo XVI ve como los primeros trazos de Martín Gaínza comienzan a tomar forma.[
  2. Finalmente algo muy importante: No es a San Sebastián, sino a Santa Ana, a quién el Cabildo y la población le reconocen la intermediación para la sanación de la población en las etapas en las cuales la peste alcanzaba su índice máximo de mortalidad. Así  lo podemos comprobar en las diferentes actas capitulares que para el efecto lo especifican entre los años 1636 y 1680 y de donde podemos extraer que el verdadero sustento de la advocación de la villa no es  San Sebastián, pese a ser patrón, sino Santa Ana, nombrada Patrona de la Villa con fecha de 8 de Marzo de 1598.

Por ello, lamentablemente no podemos aceptar una hipótesis tradicional tan banal que plantea que en primer lugar fue instalada la obra en la ermita de San Sebastián, para después, tras la ocupación de las tropas imperiales francesas ser trasladada a Santa María de las Virtudes. En realidad

hay veces, dentro de la investigación que el primer dato te lo otorga simplemente una observación detallada, razonada y carente de prejuicios o conjeturas sin sustento.

Habiendo observado el protocolo existente para cualquier construcción, reforma o dotación de los templos existentes en el arzobispado de Sevilla, valorando la anomalía cronológica de lo devocional y lo ciertamente veraz como son las razones por las cuales Santa Ana desplaza a San Sebastián como referente protector de la villa ante las epidemias, nos faltaría añadir que además a partir de 1680 la fábrica de Santa María de las Virtudes está prácticamente finalizada amén de ciertos retoques ornamentales, que con posterioridad autores como Matías Navarro añadirán a la venera y laterales del altar mayor, y que por ende, es mucho más factible afirmar que dicha obra pictórica fue adquirida por la propia fábrica parroquial que entablar un debate ficticio sin sustentación que no conlleva a ninguna conclusión veraz.

EL CONTEXTO ARTÍSTICO

            Para situar el contexto artístico de El Martirio de San Sebastian de Santa María de las Virtudes hemos sin duda que extrapolarnos al Madrid previo a la llegada de Diego de Velázquez. En ese ambiente se va construyendo la tendencia al naturalismo a lo que contribuyen pintores venidos de Italia y cuyo eclecticismo formativo tiende a desaparecer ante la impronta del naturalismo. Destacaron en este contexto pintores como Vicente Carducho (1570-1638), Rodrígo de Villalandro o Bartolomé Gómez. No obstante, y pese a la presencia de Diego de Velázquez en Madrid y a la grandiosa impronta que dejó en el contexto del arte pictórico, los años intermedios del siglo que además coinciden con el reinado de Carlos II dan a conocer un ramillete de autores independientes que por el fuerte influjo del barroco italiano otorgan una verdadera resurrección sobre todo de la pintura al fresco. Francisco Rizzi (1608-1685), José Antolínez (1635-1675) o Juan Antonio Escalante proporcionan a la pintura barroca fogosidad de paisajes, composiciones exaltadas, explosivas y sobrecargadas, hecho que se destaca sobre todo en los pintores de cámara del Rey Carlos II, como eran Juan Carreño de Miranda (1614-1685) o Claudio Coello, del que Sebastián Muñoz (1654-1690) será discípulo y compañero de obras. De Coello, Sebastián Muñoz  adoptará  las amplias proporciones,  con un dominio exhaustivo del escorzo compositivo en las figuras, permitiéndole esto poder trabajar no sólo el óleo sobre el lienzo sino aceptar encargos y compartir obras con su compañero Claudio Coello.

EL AUTOR

SEBASTIÁN MUÑOZ (1654/1657?-1690)

Acisclo Antonio Palomino de Castro y Velasco (1655-1726), biógrafo[1] y amigo de Sebastián Muñoz, atestigua que  este pintor barroco español, discípulo y colaborador de Claudio Coello y uno de los más interesantes epígonos de la Escuela madrileña, malogrado por su temprana muerte, nació en Navalcalnero, provincia de Madrid entre 1655 y 1657 pues su partida de bautismo no se haya entre las existentes, según confirma la propia oficina de Información y Turismo de la localidad citada. Por tanto, podemos inferir ante este inconveniente, que este Sebastián Muñoz del que investigamos no sea otro que el mismo joven que en 1670 entró como aprendiz en el taller del pintor toledano Hipólito de Torres, pues en la documentación de aprendizaje, se especifica que se trata de un joven de 11 años y que era natural de Casarrubios del Monte (Toledo), próxima geográficamente a Navalcarnero, de ahí la tendencia a error. Su óbito, sin embargo, si está documentado cuando pintaba El Martirio de San Andrés en 1690.[2]

Ya en Madrid, en 1680 comienza junto a Claudio Coello la decoración votiva para la llegada de la reina María Luisa de Orleans, la primera esposa del rey Carlos II. Ahí, según su biógrafo, paso a Italia.[3] De su periodo italiano conocemos que a finales de 1680 se encuentra en Roma junto a otros pintores y que solicitan a Carlos II la creación de una Academia de Pintores Españoles en esa ciudad. La influencia de Carlo Maratta le hará crear una serie de dibujos (hoy conservados en la Academia Uffizzi de Florencia).

Tras la estancia en Italia, su regreso a España le cruza de nuevo en su camino artístico con su maestro y compañero Claudio Coello, y ambos pintan los frescos de la Iglesia de la Mantería en 1684 en Zaragoza, que a día de hoy se conservan sólo parcialmente. En 1686 Sebastián Muñoz regresó a Madrid donde trabajó como pintor en el viejo Alcázar de los Austrias, concretamente en el aposento de la reina donde creó  La Fábula de Ángelica y Medoro de la cual solo hay conservada un boceto en la Biblioteca Nacional de España. De igual forma creo la fábula Psique y Cupido (desaparecida) lo que le granjeó, según su biógrafo pasar a ser pintor del rey.

Este hecho le acarreo fama y prestigio y en 1689 pintó Los Funerales de la Reina María Luisa, conservados en el Convento del Carmen Descalzo de Madrid, donde para aplacar a la comunidad regular que se ofendió por el escorzo físico adoptado por el pintor al representar a la reina, hubo de realizar un medallón donde ésta aparecía aun viva.

Finalmente, en el Palacio del Buen Retiro pintó todo el conjunto decorativo destinado a las salas de la reina Mariana de Neoburgo y a restaurar junto a Francisco de Herrera “El Mozo” los frescos de la Cúpula de la Virgen de Atocha, donde inesperadamente, el lunes santo de 1690 falleció[4] al precipitarse desde los andamios, según su biógrafo. A su muerte, la inacabada obra El Martirio de San Andrés fue concluida para la Iglesia de Casarrubios del Monte por su compañero Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia. Sebastián Muñoz dejó obras como los frescos de la Mantería, junto a Claudio Coello donde destaca el detalle de la mano de San Sebastián en los mismos. Pero si hay una obra que nos interesa en nuestro estudio es El Martirio de San Sebastián (1687 aprox.) conservado hoy día en el Museo Goya de Castres (Francia). Su éxito con esta obra le hizo recibir una serie de encargos para que reprodujese su creación, y el presente en Santa María de las Virtudes. Junto a estas obras, Muñoz pintó la citada Funerales de la Reina María Luisa de Orleans, hoy día en Nueva York (EEUU). Destacar que ambos cuadros, El Martirio de San Sebastián y Los Funerales de la Reina María Luisa de Orleans fueron propiedad del infante Sebastián de Borbón, que tras las confiscaciones debido a su simpatía por el carlismo, pasaron al Museo de la Trinidad, donde se le hizo, sobre todo al martirio un enorme elogio y reconocimiento[5] llegándosele a atribuir inclusive las obras de Jacinto Meléndez El Entierro del Conde Orgaz y San Agustín conjurando una Plaga de langostas, conservadas hoy en el Museo del Prado de Madrid, junto a un Autorretrato del propio Sebastián Muñoz.

            Finalmente El Martirio de San Sebastián salió de España junto a otras obras de Sebastián Muñoz.  En realidad, desconocemos a ciencia cierta para quién pudo pintarlo, pero su éxito tras su exposición en el Corpus Christi de 1687 ocasionó el encargo de réplicas, siendo la más importante de las realizadas por el autor y firmada autógrafamente la que se ubica en Santa María de las Virtudes[6], caracterizada por su amplitud (270 cm x 207 cm), con una calidad homogénea y similar a la primitiva u original.

            En su composición destaca la creación de un paisaje y ambiente exterior profusamente completado de intensos efectos de luminosidad, haciendo especial uso del claroscuro, destacando de sobre manera la intensidad de la luz que proyecta en la anatomía estilizada y elegante de San Sebastián, que se representa con los sus brazos abiertos y en extensión, en un escorzo general anatómico que lleva su cuello y rostro a alzarse mirando a los cielos, a modo de ofertorio vital, que evidencia el mensaje de la defensa de la fe. Serenidad, equilibro se enfrentan en el conjunto a la agitación de la soldadesca y la caballería que rodean al santo, que desde el cielo recibe la atención de ángeles volanderos que descienden con mucha valentía para depositar sobre su cabeza una corona de rosas. Es una obra clara, definida, diagonal, donde desde el vértice superior izquierdo (banderas y picas) transcurre el episodio hacia el vértice inferior derecho, donde finaliza la composición con la figura del sayón, que postrado sujeta los pies de San Sebastián.       Remata la obra la escena de su primer martirio del que salió ileso tras ser herido por las flechas que ordenó lanzarle el emperador Diocleciano. En ella, Santa Irene le curará sus graves heridas, reprochando al emperador su actitud agresiva y de persecución para con los cristianos. Detalle de su estancia en Italia es el castillo de San´t Angelo al que recrea fabulosamente con su recinto amurallado, sus torreones y su cuerpo circular central.

Santa Ángela de la Cruz llega a Villamartín

La Sagrada imagen de Santa Ángela de la cruz será bendecida en el primer Templo de Villamartín, el próximo 29 de enero por el Señor Obispo Don José Rico Pavés

La barriada de la Coronación de Villamartín vuelve a ser un hervidero de gente en torno a su hermandad del Prendimiento, el motivo no es otro que los preparativos para recibir a su amantísima Titular, San Ángela de la Cruz.

San Ángela llegará al barrio, a su Capilla de la Coronación y a Villamartín, el próximo domingo 29 de enero. La sagrada Imagen será bendecida en una solemnidad presidida por el Obispo de nuestra Diócesis, Don José Rico Pavés.

La solemnidad tendrá lugar a las 18:00 horas en el primer Templo de Villamartín, y posteriormente la Sagrada Imagen será traslada en procesión hasta la Capilla en el barrio de la Coronación de Villamartín. El itinerario del traslado será el mismo de vuelta del Señor de la Misericordia en su Prendimiento los miércoles Santo.

A la celebración se han invitado a las hermanitas de la Cruz de jerez, así como al seminario diocesano, en recuerdo de la bendición del Señor a cuya solemnidad asistió el citado seminario.

La Sagrada Imagen de Santa Ángela ha sido realizada en los talleres sevillanos de Juan Manuel Montaño.

Reflexión de nuestro Párroco sobre el II domingo del tiempo ordinario